Hola!!! Somos los que tantas veces nos presentamos como campesinos y que hoy empezamos nuestras andanzas en el mundo “moderno del Internete”. Pero como  bien dice mi abuela, primero las presentaciones. Miguel Ángel es el heredero de las tierras que cuidamos. De olivar, de siembra, en secano y en ecológico. Tan parceladas que les llueven tantos compradores como vecinos tienen. A pesar de ser el más urbanita de los tres, defiende con firmeza cada puñado de terreno, apostando con la misma fuerza que su padre por el porvenir de estos campos. Yo, Eva, que sigo andando el camino de vuelta a mis arraigos con la tierra. Despacito, como crecen los olivos. Esta vez de un modo distinto a mi niñez, donde era una espectadora de cómo mi padre, mis tíos y mi abuelo cultivaban huerta y naranjos. Y Toni, el último en llegar pero el más conectado a la tierra, a lo que se ve y a lo que no se ve.  Es un chico afortunado, porque sabe exactamente la forma de vida que quiere llevar y en ello pone toda su energía. La mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos trabajando, si es que se puede considerar “trabajar” a hacer lo que más te gusta. En el campo hay días duros y otros más benévolos, pero siempre gratificantes. Nos rodeamos de todo lo que la naturaleza tenga a bien mostrarnos. Lombrices, hormigas, arañas, plantas silvestres, flores y abejas. Mariquitas, muchas mariquitas. Conejos, perdices, zorros, jabalíes, rapaces y avutardas, todo en equilibrio. En verano y en invierno nos cuesta más verlo, porque no hay que olvidar que estamos en La Mancha. A nosotros nos parece un Edén, aunque a veces nos lleve de cabeza.  Casualidades de la vida, yo me llamo Eva y el árbol del bien y del mal tal vez no fuese un manzano, sino  un olivo. Todo  puede deberse a un error de traducción del hebreo al latín vulgar allá por el año 382 d. C.

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