Hay tantas razones para "conectar" con la Naturaleza como personas habitamos el planeta. Los beneficios son importantes y positivos, tanto para nuestra mente como para nuestro cuerpo. Y si encima el escenario son las Lagunas de Ruidera... ya tenemos todos los ingredientes para nuestra particular receta de la FELICIDAD.

Pero como para toda buena comida hecha a fuego lento se necesita PACIENCIA. Y para ver a los "animalitos" protagonistas de este post, también. Hablamos de los anfibios, de las ranas y los sapos que tienen sus patas traseras adaptadas para dar grandes saltos. Y de los tritones y gallipatos, que han cambiado esas "patas saltarinas" por una larga cola. 

La paciencia o un poquito de suerte es lo que necesitamos para observar, en lo alto de los carrizos, a la rana más famosa de las Lagunas de Ruidera; la ranita de San Antonio. Tan graciosa como minúscula, pues un@ adulto tiene el tamaño de una uña humana. Debe su nombre a San Antonio de Padua, por exigencias del calendario. La festividad de este santo es el 13 de junio, justo cuando acaba la época de celo de la ranita de San Antonio y deja de croar. 

Las ranas son, por tradición popular, portadoras de buenos augurios. Anunciadoras de lluvias, de buenas cosechas e incluso de natalicios. Sus parientes, los sapos, se llevan la peor parte pues se les considera poco agraciados y asociados a malos presagios. Pero como son muy educados, ellos pasan la mayor parte de su vida ocultos bajo las piedras, buscando la humedad. Sólo se dejan ver si la lluvia les deja pequeños charcos sobre los que retozar. 

En las Lagunas de Ruidera tenemos dos anfibios muy curiosos. El primero es el tritón jaspeado. Los machos, en época de celo, muestran una espectacular cresta anaranjada que recorre toda la parte superior de su cuerpo. A mí, personalmente, me recuerda a un dragón de cuento, aunque en este caso es acuático y sin fuego. 

Capítulo aparte merece el gallipato, el mayor anfibio urodelo de Europa y lo tenemos aquí. Resulta muy curioso el sistema de defensa que ha desarrollado. En caso de ataque, a la vez que sus costillas se extienden hacia el exterior de su cuerpo, secretan un veneno. Estas costillas recubiertas de veneno inyectan toxinas en la fina piel de la boca de su depredador, que perplejo y sin entender qué está pasando, deja en libertad al gallipato. Sencillamente, fascinante. 

Como cada paseo que nos damos por este Parque Natural tan maravilloso. Siempre distinto, pues ni nosotr@s somos l@s mismos ni el escenario por el que transitamos es igual que el día anterior, aunque recorramos el mismo camino. En Eva y el Edén lo sabemos. Por eso cada ruta es única e irrepetible. Sólo con relajarnos ya miramos de otra manera. ¿Qué tal si la semana que viene nos conectamos con unos árboles lllamados encinas y sabinas?